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Homenaje a Alfredo Hernandez-Pacheco

8 ENE 2026 - 09:19 CET

EN RECUERDO DE ALFREDO
Pido disculpas por empezar estas líneas en primera persona. Corría el año 1979 y me
enfrentaba a la Tesina, el equivalente al Trabajo Fin de Máster actual, con tanta ilusión como
desconocimiento sobre lo que era la investigación y la metodología científica. Cómo para mi
trabajo debía separar minerales, pronto tuve que pedir ayuda a la persona a la que todo el
mundo señaló: Alfredo. Con él aprendí a separar piroxenos, anfíboles y granates, utilizando
el procedimiento al uso entonces, con ioduro de metileno, bromoformo y licor de clericí. Sole
(Soledad Fernández Santín) también estuvo siempre cerca. Después de aquellos comienzos
había que acudir al laboratorio para analizar por “vía húmeda”. Alfredo era el responsable de
los laboratorios del Departamento de Petrología y Geoquímica, aunque dada su gran humildad
nunca se presentaba como tal, así que su ayuda resultaba tan necesaria como fácil de
alcanzar. Siempre estaba dispuesto a echar una mano, con la mejor actitud y sin mirar el reloj.
Aquel inicio en las técnicas analíticas tuvo continuidad en la Tesis, con un año completo en el
laboratorio analizando elemento a elemento muchas muestras del Complejo de Cabo Ortegal.
Alfredo siempre estuvo ahí, semana tras semana, compensando mi falta de pericia con el
fotómetro de llama, el colorímetro, o la absorción atómica; que ya se convertía en ignorancia
absoluta para el análisis con Fluorescencis de Rayos-X. He de decir que la ayuda de Alfredo
era altruista e incondicional, como lo era para todo el grupo de estudiantes, tesinandos,
doctorandos y colegas de investigación que siempre tenía alrededor. Su grupo de
investigación sobre la geología de las Islas Canarias estaba formado por personas amables y
motivadas, compañeros y compañeras siempre satisfechos con su labor, que transmitían a
diario vibraciones positivas que iluminaban el pasillo de la planta 7. Recuerdo su grupo con
gran cariño. Aquella época me dejo un recuerdo imborrable, un tiempo vivido con mi juventud
e ilusión y el contacto con ese grupo estimulante de gente positiva, que practicaba un
excelente método científico, acompañado por una gran calidad humana, tolerancia y
proximidad. La personalidad del director se reflejaba en todo el grupo.

Alfredo Hernández-Pacheco y Rosso de Luna fue un científico y profesor muy importante en
un tiempo y un país donde no era fácil serlo. Hijo y nieto de científicos legendarios, adquirió
desde pequeño la formación necesaria para comprender que la Ciencia avanza con paso
firme, mucha paciencia y gran humildad. Licenciado en Ciencias Químicas y con estudios de
doctorado en Suiza, curso después Geología en la Universidad Complutense. Posteriormente,
ya para su Tesis en Geología, abordó un reto formidable, el primer estudio integral de las
peridotitas de Ojén, que representan el mayor afloramiento conocido del manto litosférico en
la superficie del planeta. Su Tesis de 1966 lleva por título “Estudio petrográfico y geoquímico
del macizo ultramáfico de Ojén (Málaga)”, y está publicada en una monografía de Estudios
Geológicos, revista que en aquella época publicó magníficas monografías de Tesis Doctorales
que dieron a la Petrología y Geoquímica de la Complutense un lugar en el panorama europeo.
Esta tesis es una obra valiosísima por su dificultad, novedad y enorme interés del objeto de
estudio, a la postre uno de los macizos más estudiados en el planeta, donde los trabajos
publicados se suceden a un ritmo vertiginoso. Más tarde su investigación se desplazó al
Archipiélago Canario, donde con gran cariño y dedicación abordó diferentes aspectos de su
Geología, con una mayor implicación en el estudio de La Palma. Estos días se suceden en
las islas los artículos que le recuerdan y destacan entre otras cuestiones su participación en
el seguimiento de la erupción del Teneguía, o la posterior publicación de su mapa de la Palma,
que permanecía inédito. Recuerdo con mucho cariño las charlas compartiendo la fascinación
por las pillow lavas del Barranco de las Angustias, en la entrada a la Caldera de Taburiente,
cuando su discípulo Julio de la Nuez realizaba su Tesis Doctoral en esa maravilla natural. Y
como no, aquella invitación a Fuerteventura donde en compañía de Agustina Ahijado, Ramón
Casillas y Carlos Fernández, estudiaba las zonas con deformación dúctll y migmatización del
Complejo Basal. Como explorador incansable en busca de los mayores descubrimientos, supo
reconocer aquella nueva geología que se abría paso en Fuerteventura y que representaba
una notable novedad en el estudio de las islas oceánicas.
Alfredo se jubiló en 1996, después de más de treinta años de trabajo en nuestro departamento,
dejando un gran vacío. Pero su singladura investigadora no terminó ahí. Dedicó después un
tiempo privado a explorar regiones del sureste peninsular en busca de nuevos afloramientos
de las rarísimas rocas lamproíticas, por las que tenía un especial interés. Según me comentó
tiempo atrás, de su estudio se desprendían novedades en forma de nuevos y desconocidos
afloramientos, que espero que en algún momento y de algún modo puedan salir a la luz.
Alfredo Hernández-Pacheco Rosso de Luna falleció en su casa de Madrid el pasado 6 de
diciembre a los 95 años. Hombre de una calidad humana extraordinaria, compañero ejemplar
y humilde explorador de los límites del conocimiento geológico, su ausencia deja un gran vacío
en nuestro departamento y en la historia de la Facultad de Geología de la Universidad
Complutense. Se dice que solo se muere realmente cuando los demás olvidan tú recuerdo.
Está claro entonces que Alfredo tendrá una larga vida entre nosotros.
Ricardo Arenas
Profesor de la Facultad de Geología
Universidad Complutense de Madrid


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